jueves, 15 de septiembre de 2011

Hay que decir no. Y decir no las veces que haga falta.


Esta viñeta de El Roto presenta el problema de forma errónea, pero lógica vista desde el otro lado de la mesa de la consulta.


En efecto, antes era: ¿qué le pasa?, ¿desde cuándo?, ¿a que lo atribuye?…

Ahora, más que centrarnos en la gestión del gasto, es que nos vemos obligados a invertir mucho tiempo revisando diagnósticos, tratamientos, falsas creencias y mentiras, para proteger la salud de nuestros pacientes.


Hay que decir no. Y decir no las veces que haga falta, que son muchas a lo largo de la consulta.

-No, no le recomiendo que se haga un PSA porque tenga 50 años.

-No, no se haga una DXA por las buenas porque tiene 50 años, aunque se lo diga el gine.

-No, no hace falta que el gine la vea cada año.

-Que no, que no hace falta hacerse citología todos los años.

-Su madre a los 80 años no debe tomar 12 medicamentos. No es por ahorrar, es por su bien físico.

-No tome esa pastilla mensual aunque se la haya dado el trauma porque le haya dado bajo el calcio en los huesos, Vd no tiene ningún riesgo de fractura osteoporótica.

-No, no hace falta que tome omeprazol con el ramipril y la metformina.

-No, no hay que hacerse un análisis anual a partir de los cuarenta.

-No, no hay que hacerse análisis, a ver qué tal, si uno está rabiosamente sano.

-No, no hace falta que tome leche de soja. Y la soja no es un mamífero. Y no vea la tele, apáguela y haga ejercicio físico.

-No, no hace falta que su madre a los noventa años tome la pastilla del colesterol.

-Que no, que no hace falta que se vacune del papiloma aunque le hayan encontrado virus ese.

-No, no hace falta que se haga el azúcar todas las semanas.

-No, no hace falta que se tome la TA todos los días.

-No, no hace falta que tome suplementos de cartílago para el dolor de espalda, igual que no toma pâté de foie para proteger su hígado.

Vamos que hay que decir que no. No podemos ceder a aquello que nos pide el paciente que no está indicado. Deshonramos nuestra profesión y a nosotros mismos.

 Y hay que decir no a los diagnósticos y tratamientos de los especialistas con los que no estamos de acuerdo: el médico de cabecera es el responsable de los tratamientos de los pacientes.