Me ha gustado mucho la entrada con el título: "La mañana venía apretada" del blog: Desde mi balcón, de Juan José Bilbao. Debería ser obligatorio impartir esta lección en todas las unidades docentes. Yo así lo haré. Muchas gracias Juan José.
Hay que tener cuidado cuando tenemos a la vista un evento importante, como por ejemplo una sesión clínica que hayamos preparado a fondo o que nos resulte muy interesante, y somos requeridos por los administrativos para atender un paciente que lo solicita de forma apremiante. Puede surgir la tentación de calificar de demorable la asistencia y actuar en consecuencia con el riesgo de comprobar a posteriori que no era aplazable esa consulta y luego lamentarlo.
Es altamente probable que nos ocurra a lo largo de nuestra vida profesional; e.g. paciente habitualmente frecuentador/a por crisis de ansiedad acude justo en el momento de la sesión por sensación de ahogo; cuidado con el etiquetado preconcebido y la demora en la atención.
Recuerdo una viñeta de Forges cargada de ironía en la que un paciente cosido a flechazos se arrastraba hasta la puerta del consultorio y la administrativa, de pie y con los brazos en jarra, le decía: -el Dr no puede atenderle, está en un curso de flechología. El poliasaeteado contestaba: ah sí, qué bien! sstupendo.
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