miércoles, 18 de agosto de 2010

Médicos de Vacaciones

Después de leer el artículo de Mónica Lalanda sobre los médicos de vacaciones en El Mundo:
http://www.elmundo.es/blogs/salud/profesionsanitaria/2010/08/11/medicos-de-vacaciones.html me han venido a la mente algunos recuerdos que quiero compartir con vosotros.

No me explico por qué, aquellos veranos en Benicásim, las medusas atacaban a los niños siempre a la hora del aperitivo. O los amigos, vecinos y conocidos sufrían procesos agudos o reagudizaciones de sus achaques crónicos a la hora de la siesta, o me requerían para consultas inaplazables durante paseo al anochecer, o los desconocidos sufrían el síncope cuando pasaban a mi lado. Y aquel puente de agosto cuando todos los niños eran traídos, a la hora de comer, por faringitis pultáceas.

Recuerdo el primer día de aquellas vacaciones en Canarias, tumbado en la hamaca junto la piscina del hotel, mirando las olas y mi mujer diciendo que tenemos por delante tres semanas; sensación de relax, desconexión y anonimato. De pronto oigo a mis hijas que vienen corriendo hacia nosotros y gritan:

-Amor, Amor (Amor soy yo), que se ha desmayado una señora mayor en la piscina.
Luego me explicó la maître: -es que los jubilados se toman las pastillas con el vino… y claro…

A partir de ese momento empecé a ser consultado sobre dolencias variadas por parte de todos los estamentos del hotel, equipo de animación incluido; para que luego digan: yo soy la accesibilidad. Y había médico en el hotel. Y en Lanzarote.

Otro año también en las playas de Castellón, nada más meter los pies en el agua el primer día escuché a mi espalda: -doctor, doctor! Era Isabel Solís, embarazada de ocho meses, y su mamá, paciente crónica y frecuentadora, increíblemente sociable y con una predisposición extraordinaria a la conversación.

En La Manga, hace muchos años, estando presentes todos los ejércitos del INSERSO en la orilla del mar menor, sin embargo no fui requerido por ningún jubilado. Aunque tenía la sensación que de un momento a otro iba a escuchar: -don Fernando!, don Fernando!

Un compañero se compró un apartamento en Torrevieja y sufrió la sorpresa de descubrir en sus primeras vacaciones que medio cupo, sector Frente de Juventudes, veraneaba allí. Al parecer le cambiaba un poco la timia cuando se encontraba con algún parroquiano: -es que Juan se pone… decía su mujer.

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